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    #7: El SIDA aquí y en el extranjero   [ in English ]

    ¿El SIDA es una enfermedad crónica o fatal? ¿Los niveles de infección de VIH están aumentando o disminuyendo? ¿Los programas de prevención funcionan o no? ¿Existen estrategias para las mujeres que son diferentes a las de los hombres? ¿Se puede frenar esta enfermedad? ¿La educación puede efectivamente prevenir la enfermedad?

    Esta última pregunta ha adquirido nueva importancia a medida que l@s expert@s se reúnen en Barcelona entre el 7 y 12 de julio del 2002 para la XIV Conferencia Internacional sobre el SIDA.

    Recientemente, ha llamado la atención el drástico aumento en los niveles de infección del VIH en tres de las naciones más pobladas y poderosas del mundo: la India, Rusia y la China. Se calcula que en la India hay tres millones de casos, una población extensa sin educación, y líderes políticos que no han empezado a abordar el problema. La China fue reprochada por las Naciones Unidas hace dos semanas por sus mediocres esfuerzos para combatir la enfermedad, que ha afectado a un millón de chin@s. El Ministerio de Salud de Rusia calcula que entre 5 y 10 millones de niños y hombres entre los 15 y 20 años de edad estarán infectados por el VIH dentro de cinco años.

    La epidemia del SIDA puede desestabilizar a estas naciones, y ésta es una preocupación en los niveles más altos del gobierno de los Estados Unidos, como fue revelado en un análisis del Consejo de Inteligencia Nacional de los Estados Unidos. El Consejo también reveló el temor de que las epidemias en Nigeria y Etiopía, que actualmente afectan a 10% de la población, empeorarán bastante en los próximos cinco años.

    Aunque los niveles de nuevas infecciones de VIH han estado disminuyendo en los Estados Unidos, algun@s oficiales locales en partes de los Estados Unidos han reiterado recientemente la advertencia de que la prevalencia del SIDA, después de disminuir durante una década en este país, está aumentando en algunas poblaciones. El Dr. Thomas J. Coates es el director del Instituto de Investigación sobre el SIDA en la Universidad de California en San Francisco. En un artículo reciente, él calculó que las nuevas infecciones en la comunidad homosexual en San Francisco, que alcanzaron 8,000 por año en el punto más alto de la epidemia hace una década, y disminuyeron a 500 por año en 1997, aumentarán a 900 por año en el 2002. Se están notando aumentos similares en las poblaciones homosexuales en otras ciudades de los Estados Unidos.

    Debido a las nuevas terapias antiretrovirales, l@s investigador@s han encontrado que en la comunidad homosexual, entre otras, muchas personas consideran que el SIDA es una enfermedad crónica, en lugar de una enfermedad fatal. Esta actitud va más allá de la comunidad homosexual, y se encuentra en la comunidad general de jóvenes y adolescentes heterosexuales en muchas partes de los Estados Unidos. Durante el mes pasado, yo estaba en una ciudad mediana en Ohio, y una enfermera en una clínica de planificación familiar me contó sobre una reciente conversación que tuvo con un joven de 16 años que llegó con su novia y dijo en una sesión de consejería: "No importa si me infecto con el SIDA; no me matará".

    Ese comentario muestra la diferencia entre los Estados Unidos y otras partes del mundo. Primero, el joven tuvo la suerte de tener una clínica adonde acudir. Además, pudo hablar abiertamente con una profesional sobre el SIDA. De hecho, tanto el joven como la enfermera pudieron hablar sobre el tema. El hombre joven obviamente sabe algo sobre el SIDA, sabe que corre un riesgo de infección, y sabe cómo se trasmite y cómo se previene. También vive en un país que, por su riqueza y avances médicos, en muchos casos ha extendido la vida "normal y saludable" de muchas personas infectadas con el VIH. Este mismo milagro médico ahora se ha convertido en un reto de salud pública. El SIDA ahora es considerado por algunas personas sólo otra enfermedad de transmisión sexual, como si estas enfermedades no fueran serias, y como si se pudiera curar como la gonorrea, con una inyección. Frente a los avances médicos, la cultura ha cambiado. Pero la educación, hasta ahora, no ha logrado corregir estas ideas erróneas.

    Un informe de las Naciones Unidas sobre el SIDA presentado el 23 de junio de 2002 llega a una conclusión similar sobre el poder de la educación para cambiar los comportamientos. El informe, "El VIH/SIDA: Conciencia y Comportamientos", dice que aunque las campañas educativas han aumentado la conciencia sobre el SIDA en algunas comunidades en el mundo, no han tenido un gran impacto en los comportamientos de las personas o su percepción de riesgo. El informe declara: "El nivel de educación no resulta en una diferencia significativa en las respuestas en ninguno de los países que participaron en la encuesta. Esto sugiere que la educación no ha logrado que las personas estén concientes de su propia susceptibilidad al SIDA."

    A la vez, un estudio presentado en la revista British Medical Journal del 15 de junio concluyó que varios tipos de educación sobre el sexo, tanto las estrategias que se enfocan en la abstinencia solamente como las que son más amplias, no han logrado que la gente joven se abstenga de los comportamientos de riesgo, incluyendo el sexo sin protección. Según el estudio, los programas de educación sexual no redujeron el número de embarazos adolescentes, no demoraron el inicio de la actividad sexual y no mejoraron el uso de la anticoncepción.

    El hecho de que los programas de educación y comunicación no han logrado cambiar los comportamientos en la comunidad homosexual en San Francisco, en los pueblos pequeños de Ohio, en Chad, Mali o Níger, no debe impedir que examinemos las estrategias exitosas que han incluido la educación como parte de otras iniciativas programáticas.

    Brasil, tanto como Uganda, ha surgido como uno de los pocos éxitos en el área del SIDA en el mundo en vías de desarrollo. El índice de infección llegó al nivel más alto en 1998 y está disminuyendo, tanto como las estadías en los hospitales. El programa de SIDA de Brasil incluye tanto las estrategias de prevención como el tratamiento. La actitud abierta sobre la sexualidad en Brasil permitió que las campañas públicas educativas sobre las enfermedades de transmisión sexual y el SIDA fueran francas y directas. Los programas de distribución de condones, educación sexual y prevención de VIH han sido instituidos en las escuelas del país, y se han realizado anuncios públicos en la radio y televisión.

    Brasil también empezó a producir sus propios medicamentos antiretrovirales, que fueron distribuidos gratuitamente, en general. El acceso universal a la atención médica, junto con los medicamentos gratuitos, permitió que l@s brasileñ@s enferm@s consiguieran tratamiento en sus comunidades. L@s ciudadan@s están tomando la prevención seriamente y el uso del condón ha aumentado significativamente. El resultado ha sido que, aunque el Banco Mundial había calculado que 1,2 millones de brasileñ@s estarían infectados para el 2002, la prevalencia actual fue la mitad. El mensaje de Brasil para el mundo en la reunión de Barcelona es que, no sólo puede ganarle al mundo en el fútbol, puede ganarle al SIDA también.

    Alex Sanger
    9 jul. 2002






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